El día que Federer y Agassi jugaron al tenis en lo alto del Burj Al Arab, a más de 200 metros de altura
Una magistral campaña de marketing de Dubái que dio la vuelta al mundo

Fotograma de la exhibición que Agassi y Federer protagonizaron en el helipuerto del emblemático hotel Burj Al Arab.
Corría el mes de febrero del año 2005 cuando el mundo del deporte se detuvo a contemplar una de las imágenes más surrealistas de la historia del tenis moderno. Dos leyendas vivas de la raqueta, un joven Roger Federer que ya dominaba el circuito mundial con maestría, y un veterano Andre Agassi que encaraba la recta final de su legendaria carrera, cambiaron las pistas tradicionales por un escenario completamente inalcanzable.
Así, aquella jornada, el helipuerto de uno de los hoteles más lujosos del planeta se transformó temporalmente en la cancha de tenis más alta del mundo. Lo que comenzó como una ambiciosa estrategia de marketing local terminó convirtiéndose en un fenómeno viral, un episodio que sigue latente en la memoria colectiva dos décadas después.
Para entender la magnitud del evento es necesario analizar las cifras del lugar escogido. Y es que este particular duelo se resolvió en la azotea del prestigioso hotel Burj Al Arab de Dubái, un emblemático edificio de cinco estrellas mundialmente conocido por su silueta en forma de vela y por estar construido sobre su propia isla artificial en el golfo Pérsico.


Impulsado por el propio torneo, la ATP y el grupo hotelero Jumeirah, el acontecimiento transcurrió en el helipuerto de la azotea del edificio, acondicionado para la ocasión. La improvisada pista de césped se ubicó exactamente a 211 metros de altura sobre el nivel del mar. Así, con una superficie de poco más de 400 metros cuadrados el terreno de juego no contaba con ningún tipo de valla protectora tradicional o red de contención lateral en sus bordes. Por tanto, un simple fallo en la dirección de la pelota significaba que esta caería irremediablemente al vacío.
Detrás de esta inteligente maniobra mediática existía una estrategia comercial y de posicionamiento muy meditada. En aquellos años Dubái estaba apostando fuerte por erigirse como un epicentro global del turismo de lujo y de los grandes eventos deportivos internacionales.
La idea principal fue crear un impacto visual que sirviera como carta de presentación para el torneo masculino de tenis que se disputaría días después en la ciudad. Los organizadores querían reunir a las figuras más importantes del momento. Por un lado estaba Roger Federer, el indiscutible número uno del mundo y vigente campeón del torneo dubaití en las ediciones anteriores. Por otro, se había logrado confirmar la participación estelar de Andre Agassi, quien aceptaba jugar por primera vez en su carrera en Dubái a sus 34 años.
La exhibición entre Federer y Agassi se jugó a 211 metros de altura, en el helipuerto del rascacielos convertido en una improvisada pista de tenis
Así, unir al icono de la nueva generación con una de las leyendas más queridas de la historia del tenis sobre la azotea del edificio más representativo de la ciudada prometía un impacto publicitario sin precedentes. Y así fue: la repercusión económica y mediática superó con creces cualquier expectativa inicial, copando los informativos y portadas de medio mundo.
Anécdotas de una sesión histórica
Si bien las imágenes publicadas transmiten una tranquilidad absoluta y una estampa idílica bajo un cielo despejado, la realidad detrás de las cámaras estuvo llena de tensión y nerviosismo para los protagonistas. Y es que, años después del evento, los propios tenistas confesaron las sensaciones contradictorias que experimentaron al pisar aquella plataforma.
Andre Agassi reconoció sin tapujos que, al subir las escaleras y asomarse al borde, sintió un profundo terror. El estadounidense llegó a bromear diciendo irónicamente que aceptó el reto con la condición de no tener que hacer puenting para recoger las pelotas extraviadas. Así, durante la exhibición prefirió mantenerse prudencialmente alejado del perímetro exterior. Por su parte, Roger Federer se mostró algo más relajado, aunque fascinado por las vistas del lugar.


El helicóptero que sobrevolaba la zona para capturar los mejores planos aéreos y la carencia de otros rascacielos alrededor creaban una corriente de aire tan extraña que provocaba que la pelota volara mucho más alto de lo habitual al ejecutar el servicio.
El impacto de aquel intercambio de golpes en las alturas trascendió las fronteras del tenis. Mucho antes de la eclosión de las redes sociales, las fotografías del ‘Helipad Open’ (como lo bautizaron algunos medios internacionales como la BBC) dieron la vuelta al mundo en cuestión de horas. Cadenas de televisión de todo el planeta, desde la CNN hasta canales generalistas europeos y americanos, emitieron reportajes de la exhibición entre Federer y Agassi.
Hoy en día, ese encuentro entre ambos maestros del tenis en la azotea del Burj Al Arab sigue siendo recordada como una de las mejores campañas de marketing de la historia del deporte.

