Natalie de Blois: la arquitecta invisible que diseñó el rascacielos más alto del mundo hecho por una mujer

La historia tardó décadas en reconocer a la auténtica artífice de la famosa Torre JPMorgan Chase

Natalie Blois, arquitecta del edificio Union Carbide, sede de JPMorgan Chase - RDM

En la escena arquitectónica de la Nueva York de mediados del siglo XX el rascacielos era el símbolo máximo de poder corporativo. Cuando, en 1960, el edificio de Union Carbide -más tarde conocido como la torre de JPMorgan Chase– se alzó sobre el corazón de Park Avenue, la ciudad quedó asombrada por su elegancia, sus fachadas acristaladas y su modernidad austera.

Sin embargo, detrás de esas líneas perfectas no estaba solo el afamado Gordon Bunshaft, el rostro visible de la firma Skidmore, Owings & Merrill (SOM), sino una mujer que, durante gran parte de su carrera, tuvo que luchar para que su voz fuera escuchada en una industria que apenas le reservaba un lugar en la oficina técnica.

Esa mujer era Natalie de Blois. Su nombre, hoy un referente para las nuevas generaciones de arquitectas, permaneció durante décadas en la sombra. El 270 de Park Avenue no fue solo un proyecto exitoso; fue una revolución estructural y, a la larga, un récord que se mantuvo invicto durante medio siglo.

La genia tras el cristal y el acero

Natalie de Blois era una arquitecta de una capacidad técnica asombrosa. Ingresó en SOM en 1944, una época en la que era inusual encontrar mujeres en estudios de arquitectura de alto nivel. Su habilidad para concebir espacios eficientes y elegantes pronto la convirtió en una pieza clave de la firma. No obstante, las dinámicas de poder en la posguerra estadounidense eran claras: los hombres firmaban, los hombres daban las entrevistas y los hombres aparecían en las portadas de las revistas de diseño.

Durante 50 años el edificio Union Carbide (la torre JPMorgan Chase) fue el rascacielos más alto del mundo diseñado por una mujer

El proyecto del 270 de Park Avenue fue una hazaña de la ingeniería. Natalie, como diseñadora principal, enfrentó el desafío de construir sobre las vías del metro que corrían bajo la parcela, lo que exigió una estructura ligera pero extraordinariamente resistente. El resultado fue una torre de 215 metros de altura y 52 plantas que definió la estética de la gran empresa estadounidense. Durante 50 años este edificio ostentó el título de la estructura más alta del mundo diseñada por una mujer.

El récord, silencioso para el gran público, fue de algún modo un faro de esperanza para la inclusión femenina en la arquitectura, aunque, paradójicamente, la propia autora rara vez recibiera el crédito público que le correspondía mientras el edificio seguía en pie.

El lento proceso hasta el reconocimiento histórico

El olvido de las contribuciones de Natalie de Blois no fue casual. Durante años la cultura arquitectónica institucional operó bajo la premisa del genio solitario, una figura que casi siempre era masculina. Así, no fue hasta finales de la década de 1970 y principios de los 80, cuando el movimiento feminista en las artes comenzó a presionar por la revisión historiográfica, que los archivos de SOM revelaron la magnitud del trabajo de la neoyorquina.

Porque la arquitectura no es solo piedra y acero; también es autoría y visión. Y cuando los historiadores empezaron a estudiar los planos originales y la correspondencia del proyecto de Park Avenue, se hizo evidente que la mano de Natalie estaba en cada detalle, desde la disposición de los espacios interiores hasta la integración de la torre en la cuadrícula urbana de Manhattan. Fue una pionera en el sentido más estricto: abrió brecha no solo en el diseño, sino en la lucha por la visibilidad profesional.

El legado de una pionera de la arquitectura

La historia del 270 de Park Avenue tiene un desenlace que muchos arquitectos y conservacionistas consideran una tragedia cultural. En 2019, JPMorgan Chase anunció la demolición total del edificio para erigir una nueva sede global con mayores estándares de sostenibilidad y modernización tecnológica.

Esta decisión provocó un intenso debate. Por un lado, la necesidad de las corporaciones de actualizar sus activos inmobiliarios; por otro, el valor histórico de una obra que representaba una era. La demolición, completada en 2021, marcó un hito inusual: el 270 de Park Avenue se convirtió en el edificio demolido deliberadamente más alto de la historia de los Estados Unidos.

Para muchos, la desaparición del rascacielos supuso borrar el mayor testimonio físico de la genialidad de Natalie de Blois. No obstante, la historia ya no puede ser cambiada. Su legado ha trascendido el hormigón. Hoy, cuando miramos hacia atrás, el nombre de Natalie de Blois ya no es un pie de página en los libros de arquitectura, sino una mención obligatoria cuando se habla de la evolución de las ciudades modernas.

¿Por qué es importante recordar a figuras como Natalie de Blois? Porque la arquitectura es parte de la huella que la evolución humana deja en el planeta. Jeanne Gang, la responsable de edificios icónicos como el Aqua en Chicago, reconoció en numerosas ocasiones el camino recorrido por mujeres que, como Natalie, trabajaron en condiciones desiguales.

Así, el récord que ostentó el antiguo edificio de Chase no fue solo un número de metros sobre el nivel del mar; fue una demostración de que la arquitectura no es un oficio reservado solo para los hombres. Natalie de Blois falleció en 2013, sabiendo que su trabajo empezaba a recibir el respeto que merecía. Y si bien el cielo de Nueva York ha cambiado, la historia de la mujer que diseñó uno de sus rascacielos más emblemáticos, sigue más viva que nunca.