Comienza en Nueva York la construcción de la primera prisión del mundo con formato de rascacielos

El controvertido edificio se ubicará en el histórico barrio chino de Manhattan y su altura superará los cien metros

Manhatta acogerá la prisión más alta del mundo - RDM

Las autoridades neoyorquinas han dado luz verde a un proyecto arquitectónico sin precedentes que convertirá un rascacielos de Manhattan en la cárcel más alta del mundo. Y es que ya se han puesto en marcha las primeras labores de excavación y cimentación para levantar el que será el centro penitenciario más alto del planeta. Conocido popularmente como jailscraper (juego de palabras en inglés entre jail -cárcel- y skyscraper -rascacielos-), este proyecto nace envuelto en polémica y con el rechazo de los vecinos de la zona.

Ubicado en el número 125 de White Street, en pleno corazón del histórico barrio de Chinatown, el nuevo complejo ocupará el solar del antiguo centro de detención conocido como The Tombs. Con una altura proyectada de 102 metros distribuidos en 16 niveles, la infraestructura ha sido diseñada por el prestigioso estudio de arquitectura HOK en colaboración con el Departamento de Diseño y Construcción de la Ciudad de Nueva York (DDC). Su fecha estimada de finalización apunta al año 2032.

Para entender la magnitud de esta obra faraónica es necesario analizar el trasfondo del sistema penal neoyorquino. Porque esta torre de Manhattan forma parte de un plan municipal multimillonario y de gran envergadura diseñado para cumplir una promesa histórica: el cierre definitivo de la célebre prisión de Rikers Island.

El edificio pretende sustituir la célebre prisión de Rikers Island, marcada por el abuso sistemático de los derechos humanos

Rikers Island arrastra desde hace décadas una reputación insostenible marcada por graves crisis de violencia, denuncias sistemáticas por violaciones de derechos humanos y un deterioro estructural profundo. Así, para sustituir este modelo centralizado y obsoleto, la ciudad ideó un plan para repartir centros de detención modernos y más pequeños en cuatro de los distritos principales de Nueva York.

El objetivo de estas nuevas instalaciones es mantener a los reclusos -principalmente personas en prisión preventiva a la espera de juicio- más cerca de los tribunales, de sus familias y de sus equipos legales.

El desafío de construir una cárcel vertical

Diseñar una cárcel con formato de rascacielos no es una tarea común ni sencilla. A diferencia de los centros penitenciarios tradicionales de baja altura y planta horizontal, que ocupan grandes extensiones de terreno, las limitaciones de espacio en Manhattan obligaron a los planificadores a mirar hacia el cielo. Así, el estudio HOK ha tenido que idear soluciones de ingeniería complejas para integrar un edificio de máxima seguridad dentro de un entorno urbano residencial y comercial.

barrio de Chinatown en Nueva York - RDM

La estructura multifuncional combinará espacios operativos de seguridad con áreas destinadas a servicios, zonas administrativas y puntos de acceso eficientes. Sin embargo, este formato vertical plantea enormes retos logísticos, desde el control del flujo de personas y vehículos en calles adyacentes hasta la integración estética de una mole de hormigón y cristal en un vecindario con tanta personalidad como Chinatown.

A pesar de que las instituciones defienden el proyecto como un avance indispensable hacia un sistema de justicia más humano, seguro y descentralizado, la torre ha despertado un intenso rechazo social.

Conocido popularmente como ‘jailscraper’, este nuevo rascacielos ha despertado una fuerte oposición entre los vecinos y comerciantes de Chinatown

Desde que se ideó el plan, las asociaciones de vecinos, los comerciantes locales y diversos colectivos cívicos han mostrado una fuerte oposición. Los residentes denuncian que la construcción del rascacielos alterará drásticamente la dinámica de la zona, restará luz natural a las calles y concentrará una carga urbanística insostenible en un espacio con gran densidad de población.

Pese a todo, las protestas vecinales no han logrado frenar los inicios de las obras de cimentación. Así, con las máquinas ya trabajando sobre el terreno, Nueva York inicia una cuenta atrás que pondrá a prueba la viabilidad de un modelo penitenciario sin precedentes. Solo el tiempo dirá si este rascacielos logrará cumplir su ambiciosa promesa de reformar el sistema o se convertirá en un símbolo permanente de tensión social.