La renovación de la Torre Montparnasse de París colapsa en plena crisis de copropietarios
Con el edificio completamente vacío y la licencia de obras a punto de expirar, la ciudad busca una salida de urgencia a su rascacielos más ilustre

La Torre Montparnasse atraviesa una etapa de bloqueo que la puede dejar en una situación crítica de cara al futuro.
El rascacielos más emblemático y polémico de París vuelve a estar en el centro de todas las miradas. Y es que el ambicioso plan para transformar por completo la Torre Montparnasse, valorado en unos 800 millones de euros, se encuentra prácticamente abocado al fracaso tras una serie de desencuentros insostenibles entre sus propietarios. A esta delicada parálisis institucional se le ha sumado un desagradable episodio que ha encendido todas las alarmas en la capital francesa: la caída repentina de varios ventanales desde las alturas del edificio.
Así, las reuniones de urgencia se suceden en los despachos oficiales mientras el tiempo corre en su contra. Con el edificio completamente vacío desde el pasado 31 de marzo y el permiso de construcción caducando el próximo mes de noviembre, el futuro en el distrito 15 de París es, hoy más que nunca, una auténtica incógnita.
Un presupuesto disparado que divide a los socios
El detonante de esta crisis sin precedentes estalló durante la última asamblea general de copropietarios. Lo que debía ser el pistoletazo de salida para una metamorfosis histórica se convirtió en un escenario de ruptura total. El fondo de inversión LFPI, principal propietario con cerca del 30% del inmueble, comunicó abiertamente su negativa a seguir respaldando financieramente el proyecto tal y como se había concebido.
La razón principal de esta espantada económica reside en la escalada desbocada del presupuesto. Y es que, lo que inicialmente se proyectó como una intervención de unos 300 millones de euros durante el concurso de 2017, escaló progresivamente hasta superar holgadamente los 700 millones. Esta subida exponencial, impulsada en parte por la complejidad de retirar el amianto, causó que las entidades bancarias se mostraran reacias a conceder los avales necesarios.

A los problemas financieros y las disputas judiciales cruzadas entre varios inversores, se le unió hace unos días un factor de seguridad pública . Y es que en pleno corazón de la controversia dos grandes ventanales se desprendieron desde los pisos superiores de la torre.
Aunque por fortuna no se registraron daños personales, los servicios de emergencia tuvieron que acordonar de inmediato la zona y cerrar varias calles aledañas para retirar los fragmentos de vidrio inestables. Este incidente manifiesta la urgencia de intervenir en una infraestructura construida en 1973 y que, inexorablemente, acusa el paso de los años.
¿Qué futuro le espera al icónico rascacielos parisino?
A pesar de que el plan arquitectónico global -que preveía una fachada totalmente acristalada y transparente, zonas verdes, un hotel de lujo y un invernadero agrícola en la cima- parece haber naufragado, no todo está perdido en el complejo. Las autoridades locales han presionado con firmeza para que el desamiantado interior de la torre siga adelante, una fase calificada como estrictamente obligatoria por razones de salud pública.
Sin embargo, el destino del resto del edificio sigue en el aire. La alcaldía de París intenta mediar a contrarreloj para reconducir la situación antes de que expire la licencia de obras. Así, las opciones pasan ahora por replantear el proyecto con una inversión mucho más modesta y que logre el consenso de todas las partes implicadas. De lo contrario, la torre más famosa de la capital se enquistará de manera indefinida.


