
Jeddah Tower
El rascacielos que busca romper la barrera imposible de los 1.000 metros de altura
Jeddah • Arabia Saudí • 1006 m. • En construcción • Finalización prevista: 2028
Progreso de construcción
40%
Estimación editorial basada en la información pública disponible sobre el estado actual del proyecto.
Ficha técnica
Durante años, su silueta incompleta permaneció congelada en el norte de Yeda. La estructura de hormigón sobresalía sobre un enorme terreno todavía por urbanizar, pero ya no parecía el comienzo del edificio más alto del mundo, sino el monumento involuntario a una ambición que quizá había llegado demasiado lejos.
La torre había crecido hasta superar ampliamente los 200 metros antes de quedar atrapada en un laberinto de dificultades empresariales, financieras y políticas. La obra se paralizó y las previsiones de inauguración fueron desapareciendo una tras otra. Con cada año de inactividad, aumentaba la sensación de que la Jeddah Tower podía terminar convertida en uno de los mayores proyectos inacabados de la arquitectura contemporánea.
Sin embargo en el año 2025 la construcción fue reactivada. Tras revisar la estructura existente, reorganizar los contratos y recuperar el funcionamiento de una obra de una complejidad extraordinaria, la torre volvió a crecer. El avance posterior y el hito de las cien plantas confirmaron que el proyecto ya no era únicamente un render espectacular o una promesa detenida en medio del desierto.
La Jeddah Tower vuelve a perseguir la barrera para la que fue concebida: superar los 1.000 metros y convertirse en el primer edificio de un kilómetro de altura construido por el ser humano. La cifra exacta sigue sin divulgarse públicamente, una práctica habitual en los proyectos que compiten por un récord mundial, pero sus responsables confirman que será, como mínimo, 173 metros más alta que el Burj Khalifa de Dubái.
Llegar hasta allí no consiste simplemente en añadir plantas a un rascacielos convencional. A esa escala cambia el efecto del viento, el comportamiento del hormigón, el peso de los ascensores, la presión en las instalaciones, la evacuación de los ocupantes y hasta la manera de organizar la vida cotidiana dentro del edificio.
La gran pregunta que atraviesa todo el proyecto es, por tanto, mucho más interesante que su altura final: ¿Qué hace falta para construir y hacer habitable un rascacielos de un kilómetro?
✦
La Jeddah Tower -conocida inicialmente como Kingdom Tower– se levanta junto al Mar Rojo, al norte del área urbana consolidada de Yeda, la segunda ciudad más poblada de Arabia Saudí y uno de los principales centros económicos del país.
El proyecto pertenece a Jeddah Economic Company y fue diseñado por Adrian Smith y Gordon Gill Architecture, estudio estadounidense especializado en grandes desarrollos urbanos y edificios de altura extrema. La ingeniería estructural corresponde a Thornton Tomasetti, mientras que alrededor de la torre trabajan compañías internacionales y saudíes dedicadas a la geotecnia, la aerodinámica, las instalaciones, la movilidad vertical y la dirección de obra.
El nombre de Adrian Smith está especialmente ligado a la carrera por la altura. Antes de fundar su actual estudio, fue el principal responsable del diseño del Burj Khalifa durante su etapa en Skidmore, Owings & Merrill. La emblemática torre de Dubái, inaugurada en 2010, alcanzó los 828 metros y estableció un récord tan solvente que ningún edificio posterior ha conseguido acercarse realmente a su altura.
La Jeddah Tower nació precisamente para cruzar la siguiente gran frontera. No es que pretenda superar al Burj Khalifa por unos pocos metros, sino abrir una distancia suficiente para inaugurar una nueva categoría dentro de la arquitectura vertical: la de las construcciones de un kilómetro.
Aunque no ha trascendido la altura exacta que alcanzará la Jeddah Tower, sus responsables confirman que será como mínimo 173 metros más alta que el Burj Khalifa
El Consejo de Edificios Altos y Hábitat Urbano emplea el término megatall para los edificios de más de 600 metros. Solo unas pocas torres a nivel mundial pertenecen a este selecto grupo. Pero la Jeddah Tower irá mucho más allá y añadirá cerca de doscientos metros a un límite que ya parecía extraordinario.
La comparación permite entender mejor su magnitud. Y es que la diferencia prevista entre la Jeddah Tower y el Burj Khalifa será superior a la altura completa de numerosos rascacielos. Así, un edificio de alrededor de 170 metros podría colocarse, metafóricamente, sobre la torre de Dubái sin alcanzar todavía la coronación del futuro gigante saudí.
Pero el proyecto de la Jeddah Tower no se limita a perseguir el récord mundial. Será un edificio de uso mixto que integrará oficinas, un hotel de lujo, residencias, apartamentos y diferentes servicios. También incorporará un gran mirador exterior situado a una altura sin precedentes.
Los datos difundidos por KONE, responsable de la movilidad vertical, describen una superficie construida total próxima a los 244.000 metros cuadrados, 318 apartamentos y 182 habitaciones hoteleras. Las cifras proceden de la configuración original del proyecto y podrían experimentar ajustes durante la reactivación, pero permiten hacerse una idea de la complejidad del programa interior.
La torre no será, por tanto, una aguja monumental vacía. Una parte muy importante de su altura superior se destinará a estructura y equipamiento técnico, como también sucede en otros rascacielos de gran altura, pero sus niveles habitables conformarán una verdadera ciudad vertical.
El icono de una nueva ciudad junto al Mar Rojo
Uno de los errores habituales al hablar de la Jeddah Tower consiste en observarla como una pieza aislada, cuando en realidad el rascacielos es el elemento más reconocible de un proyecto superior, formando parte de una ambiciosa transformación urbana.
La torre fue concebida como el corazón de la Jeddah Economic City, un desarrollo de aproximadamente 5,2 millones de metros cuadrados situado en un área todavía poco consolidada al norte de la ciudad. La inversión anunciada para el conjunto alcanzó los 20.000 millones de dólares, mientras que el coste inicial de construcción del rascacielos se estimó en torno a los 1.200 millones.
El plan contempla barrios residenciales, espacios comerciales, oficinas, hoteles, equipamientos, zonas de ocio e infraestructuras. No se trata únicamente de colocar un edificio gigantesco frente al mar, sino de utilizarlo como reclamo para atraer inversión y acelerar la creación de un nuevo distrito urbano.
Esta estrategia tiene precedentes muy claros. El Burj Khalifa no puede entenderse sin Downtown Dubai, el área de hoteles, viviendas, centros comerciales y espacios públicos desarrollados a su alrededor. La torre funciona como símbolo internacional, pero buena parte del valor económico se genera en los terrenos y edificios que la rodean.
La Jeddah Tower será un edificio de uso mixto y albergará numerosas oficinas, 318 apartamentos y 182 habitaciones hoteleras
La Jeddah Tower persigue un efecto parecido. Su presencia aumenta la visibilidad del conjunto y ofrece a la nueva ciudad una identidad instantánea. Antes incluso de que los barrios estén terminados, la silueta de un rascacielos de un kilómetro coloca el desarrollo en el mapa mundial.
Su emplazamiento tampoco es casual. Yeda ha sido durante siglos una puerta de entrada a La Meca y punto de conexión entre la península arábiga, África y las rutas comerciales del Mar Rojo. Su puerto continúa siendo uno de los más importantes de la región y la ciudad desempeña un papel económico diferente al de Riad, el gran centro político y administrativo del país.
La nueva área pretende aprovechar esa posición estratégica y extender la ciudad hacia el norte. Así, la torre actúa como hito geográfico, pero también como una declaración sobre el futuro de Yeda: una metrópoli que quiere reforzar su proyección internacional mediante el turismo, los servicios, la inversión inmobiliaria y las nuevas infraestructuras.
El éxito real del megaproyecto, por tanto, no dependerá exclusivamente de completar el rascacielos. También deberá demostrar que alrededor de él puede consolidarse un distrito vivo, conectado con el resto de la ciudad y capaz de mantener actividad más allá de la atracción inicial de alcanzar el récord.
De Kingdom Tower a Jeddah Tower
Los primeros planteamientos del proyecto aparecieron durante la segunda mitad de la década de 2000. Algunas versiones iniciales llegaron a relacionarlo con una torre de una milla -más de 1.600 metros-, aunque aquella posibilidad fue descartada y nunca se convirtió en el diseño definitivo.
En 2011 se presentó oficialmente la propuesta de Adrian Smith y Gordon Gill Architecture. El rascacielos se denominaba entonces Kingdom Tower y debía ser la pieza central de Kingdom City, nombres vinculados a Kingdom Holding Company y al empresario e inversor saudí Alwaleed bin Talal.
La contratación del Saudi Binladin Group como constructor principal y la estimación de una inversión cercana a los 1.230 millones de dólares parecían convertir la propuesta en algo más que una aspiración. Así, los trabajos preliminares comenzaron en 2012 y la construcción de la cimentación dio paso posteriormente al crecimiento de la estructura.
A medida que las obras avanzaban, Kingdom Tower pasó a ser conocida popularmente como Jeddah Tower y el desarrollo urbano adoptó el nombre de Jeddah Economic City.
Progresivamente la torre fue ganando altura durante varios años. En 2015 ya había superado las veinte plantas y continuó creciendo hasta alcanzar los sesenta niveles construidos. El rascacielos todavía estaba lejos de su altura definitiva, pero había dejado atrás la fase en la que los megaproyectos pueden desaparecer sin dejar apenas rastro.
Entonces comenzaron las dificultades.
✦
La ralentización y posterior detención de la Jeddah Tower no pueden atribuirse a una única causa. El Saudi Binladin Group atravesó importantes problemas después del accidente ocurrido en 2015 en la Gran Mezquita de La Meca, cuando una grúa de la compañía se desplomó sobre el recinto. Al siniestro se le sumaron dificultades económicas relacionadas con los pagos públicos y una reducción general de la actividad constructora tras la caída del precio del petróleo.
El contexto empeoró todavía más en el año 2017. La campaña anticorrupción impulsada por las autoridades saudíes provocó la detención de numerosos empresarios y miembros destacados de la élite económica del país. Entre ellos se encontraban Alwaleed bin Talal y Bakr bin Laden, presidente del grupo constructor.
Aunque la torre no fue formalmente cancelada, el proyecto perdió impulso. Los trabajos fueron reduciéndose hasta quedar prácticamente paralizados en 2018. La pandemia del COVID-19 y la incertidumbre posterior prolongaron una situación que ya era difícil.
Así, la estructura permaneció durante años expuesta al clima costero de Yeda. Su presencia resultaba demasiado grande para ser ignorada, pero no existía una fecha fiable para la reanudación. La torre comenzó a aparecer en recopilaciones de edificios abandonados y numerosos observadores dieron por hecho que nunca alcanzaría su altura prevista.
✦
Reanudar un edificio convencional después de una larga interrupción ya exige revisar permisos, materiales, contratos y condiciones de seguridad, pero hacerlo con una estructura de varios cientos de metros destinada a soportar el primer rascacielos de un kilómetro es un problema de otra dimensión.
Antes de añadir nuevas plantas era necesario comprobar el comportamiento del hormigón, las armaduras, las uniones, la cimentación y todos los elementos que habían permanecido expuestos. También actualizar la documentación, reorganizar la cadena de suministro y recuperar una coordinación internacional interrumpida durante años.
La reactivación fue tomando forma a partir de 2023, cuando la Jeddah Economic Company solicitó nuevas propuestas para completar la torre. En 2024 el promotor confirmó que estaba evaluando ofertas, y que el objetivo era terminar el edificio en un plazo de cuatro o cinco años desde el reinicio efectivo de la construcción.
La estructura permaneció durante años expuesta al clima costero de Yeda y apareció en recopilaciones de edificios abandonados
Finalmente, el Saudi Binladin Group regresó como contratista principal bajo un nuevo acuerdo. Turner International se incorporó a la gestión del proyecto y el equipo volvió a reunir a las principales compañías implicadas en el diseño: Adrian Smith y Gordon Gill Architecture, Thornton Tomasetti, Langan, RWDI, Dar Al-Handasah, Jeddah Economic Company y el propio constructor saudí.
De este modo la estructura reanudó su ascenso y avanzó con rapidez durante 2025. A final de año había superado las ochenta plantas. Ya en abril de 2026 alcanzó el nivel cien, un hito especialmente relevante porque confirmó que la nueva fase no consistía en una intervención simbólica, sino en una construcción sostenida en el tiempo.
Ese avance no garantiza por sí solo que el camino hasta el kilómetro esté libre de dificultades, pero sí demuestra que la torre ha superado ese periodo de incertidumbre que amenazó con convertirla en una ruina contemporánea.
Una estructura diseñada para convivir con el viento
Vista desde el exterior, la Jeddah Tower parece una aguja de vidrio extremadamente afilada. Su volumen se estrecha progresivamente y sus tres alas descienden a diferentes alturas, produciendo una silueta cambiante según el punto de observación. Esa apariencia no responde únicamente a una decisión estética. La forma del edificio es una parte esencial de su sistema estructural y aerodinámico.
La planta del rascacielos se organiza alrededor de tres alas dispuestas aproximadamente a 120 grados. En el centro se encuentra un núcleo de hormigón y, desde él, las paredes se prolongan hacia los extremos formando una estructura interconectada.
El principio guardaba relación con el sistema de núcleo reforzado empleado en el Burj Khalifa. En términos sencillos, cada una de las tres alas ayuda a sostener a las otras. De este modo la estructura distribuye el peso y ofrece resistencia frente a las fuerzas laterales sin depender de una sucesión de grandes columnas o de complejos elementos de transferencia.
El propio Thornton Tomasetti describe el sistema como deliberadamente sencillo: las paredes están conectadas y cada elemento participa tanto en la transmisión de las cargas verticales como en la resistencia frente al viento. El diseño evita columnas convencionales, grandes vigas de borde, estabilizadores externos y transferencias verticales que complicarían la construcción.
La progresiva reducción de la torre también resulta fundamental. A medida que asciende, la superficie de cada planta disminuye y las tres alas terminan a alturas diferentes. Este diseño rompe la regularidad del volumen y evita que el viento actúe de la misma manera sobre toda la fachada. Y es que, cuando una corriente rodea un edificio, puede generar vórtices alternos que empujan la estructura de un lado a otro. Si esos impulsos encuentran una forma repetitiva, pueden amplificar el movimiento. Por tanto, modificar la geometría a distintas alturas dificulta que el viento mantenga un patrón estable.
Por eso la Jeddah Tower no presenta una torre uniforme que simplemente se hace más estrecha. Sus retrocesos y terminaciones escalonadas alteran continuamente la relación entre el edificio y las corrientes de aire.
El resultado visual recuerda a una planta joven que emerge del suelo o a las hojas de una palmera, referencias mencionadas por sus arquitectos. Sin embargo, su elegancia no oculta la lógica del proyecto: la forma existe, ante todo, porque un edificio de un kilómetro debe aprender a convivir con el viento.
✦
El peso es una de las primeras preocupaciones cuando se proyecta una torre de esta altura, pero no es necesariamente el aspecto más difícil. Las cargas verticales pueden seguir un recorrido relativamente previsible desde las plantas superiores hasta la cimentación. El viento es más variable. Cambia de dirección, velocidad e intensidad y puede provocar aceleraciones perceptibles para los ocupantes.
De hecho, un rascacielos no permanece completamente inmóvil. Se deforma de manera controlada, como lo hacen los puentes, los aviones y otras grandes estructuras. La cuestión no es eliminar todo movimiento, sino mantenerlo dentro de límites seguros y confortables.
A un kilómetro sobre el suelo las condiciones son muy diferentes a las de la calle. La velocidad del viento aumenta con la altura porque encuentra menos obstáculos y la enorme palanca que forma el edificio multiplica las fuerzas en su base.
La Jeddah Tower no presenta simplemente un cuerpo uniforme que se hace más estrecho; sus terminaciones escalonadas alteran la relación entre el edificio y las corrientes de aire
La Jeddah Tower fue estudiada mediante ensayos en túnel de viento y modelos informáticos desarrollados en colaboración con RWDI, consultora especializada en aerodinámica. Estas pruebas permitieron analizar diferentes orientaciones, geometrías y condiciones meteorológicas antes de cerrar el diseño. Así, la estructura debe ser suficientemente rígida para controlar las deformaciones, pero una rigidez absoluta tampoco sería deseable. El edificio necesita disipar y redistribuir energía sin concentrar esfuerzos excesivos en puntos concretos.
Para los ocupantes la percepción del movimiento puede convertirse en un problema antes de que exista un riesgo estructural. Una torre puede ser completamente segura y, sin embargo, resultar incómoda si las aceleraciones producen mareo o inseguridad en sus niveles superiores. Por eso los cálculos no se limitan a comprobar si el edificio resistirá una tormenta extrema; también estudian cómo se sentirá vivir, dormir o trabajar dentro de él durante episodios de viento más habituales.
La inestabilidad comienza a más de cien metros bajo tierra
Antes de construir hacia arriba, el equipo tuvo que resolver el problema contrario: cuánto debía descender bajo la superficie. La Jeddah Tower se encuentra cerca del Mar Rojo, sobre un terreno compuesto por materiales muy diferentes a la roca sólida que idealmente sostendría una estructura de semejante peso. En el subsuelo aparecen capas de sedimentos, areniscas, gravas y calizas coralinas con cavidades y resistencias variables.
La solución adoptada es una cimentación mediante losa pilotada. Así, bajo la torre se extiende una gran placa de hormigón de unos cinco metros de espesor, apoyada sobre 270 pilotes perforados. Algunos tienen hasta 1,8 metros de diámetro y alcanzan profundidades próximas a los 105 metros. Los pilotes situados bajo las zonas más cargadas penetran más que los exteriores para adaptarse al reparto de esfuerzos.
No se trata simplemente de clavar el edificio en el terreno hasta encontrar una roca perfectamente firme. Los pilotes transmiten las cargas mediante una combinación de apoyo en profundidad y fricción a lo largo de su superficie. La losa, por su parte, ayuda a distribuir el peso y coordina el comportamiento del conjunto.
De este modo, la torre experimentará cierto asentamiento. Casi todos los grandes edificios se hunden unos milímetros o centímetros a medida que cargan el terreno. Lo importante es que el movimiento sea previsible y, sobre todo, uniforme. Un asentamiento desigual podría inclinar la torre o introducir esfuerzos no contemplados en la estructura. Por ese motivo se realizaron perforaciones, pruebas de carga y modelos tridimensionales del terreno para anticipar cómo responderían las diferentes capas geológicas.
La comparación con el Burj Khalifa es de nuevo ilustrativa. La torre de Dubái también utiliza una gran losa apoyada sobre pilotes, pero los de la Jeddah Tower alcanzan profundidades mucho mayores. Y no porque la solución del Burj Khalifa fuera insuficiente, sino porque cada emplazamiento presenta condiciones geológicas diferentes y la nueva torre añade casi doscientos metros de altura.
La cercanía del mar introduce en este caso el riesgo de corrosión. Las sales pueden penetrar en el hormigón y atacar las armaduras de acero reduciendo su durabilidad. Para minimizarlo se emplean mezclas de baja permeabilidad, recubrimientos adecuados y un control muy estricto en la ejecución. Los cimientos deben mantener un comportamiento estable durante muchas décadas en un entorno cálido, húmedo y salino.
✦
La estructura principal de la Jeddah Tower está formada por hormigón armado de altas prestaciones. Las estimaciones del proyecto apuntan a un consumo total cercano a los 500.000 metros cúbicos de hormigón y unas 80.000 toneladas de acero. La cantidad impresiona, pero el verdadero desafío no consiste únicamente en producir el material. Hay que mantener una calidad constante, transportarlo, bombearlo a alturas cada vez mayores y colocarlo dentro de tolerancias extremadamente reducidas.
En los niveles inferiores el hormigón debe resistir el peso acumulado de toda la torre y en las paredes centrales soportar cargas enormes. Por eso necesitan una resistencia muy superior a la utilizada en la mayoría de los edificios convencionales. A la vez, una mezcla demasiado rígida o difícil de bombear complicaría la construcción. Porque el hormigón debe desplazarse por tuberías, llegar en condiciones adecuadas y rellenar encofrados congestionados por grandes cantidades de armadura.
La presión necesaria para elevarlo aumenta con cada planta. Cuanto mayor es la distancia vertical, mayores son la energía, la fricción y el control exigido al sistema de bombeo. También resulta más difícil conservar la consistencia de la mezcla en un clima de temperaturas elevadas.
Estas condiciones obligan a coordinar la composición del material con el método constructivo. Por eso no basta con diseñar el hormigón más resistente posible en un laboratorio; debe ser una masa que pueda fabricarse de forma repetida y colocarse con seguridad en una obra real.
✦
En una torre récord como es la Jeddah Tower la altura arquitectónica y la altura ocupada no son lo mismo. Así, las plantas habitables no llegarán hasta el extremo final de la aguja. Por encima se extenderá una larga coronación estructural destinada principalmente a completar la silueta, superar el kilómetro y albergar determinados sistemas técnicos.
Esta decisión no es excepcional. El Burj Khalifa también incorpora una sección superior de acero y una aguja no ocupada que contribuyen de manera decisiva a su altura oficial.
Así, a medida que la Jeddah Tower asciende, continuar con paredes de hormigón hasta el último metro resultaría cada vez menos eficiente. La superficie disponible disminuye, el material debe elevarse a mayor distancia y el peso añadido en la parte más alta penaliza el comportamiento de toda la estructura.
A este respecto, el acero ofrece ventajas claras en la coronación. Sus elementos pueden fabricarse previamente, transportarse por piezas y ensamblarse con un peso menor que el de una solución equivalente de hormigón. Además, permite construir una estructura muy esbelta allí donde ya no existe espacio suficiente para plantas convencionales.
Una fachada diseñada para el sol del Mar Rojo
La envolvente exterior de la Jeddah Tower estará formada por una fachada acristalada de altas prestaciones. En los renders oficiales el edificio aparece como una superficie continua y brillante, pero detrás de esa imagen existe otro importante problema climático.
Yeda combina temperaturas elevadas, una intensa radiación solar, humedad y salinidad. Una fachada completamente transparente y sin la protección adecuada produciría enormes ganancias térmicas y dispararía el consumo de climatización. Así, el vidrio debe filtrar varias exigencias: permitir la entrada de luz natural, limitar el calor solar, resistir las presiones del viento y mantener su comportamiento frente a la exposición marina.
La geometría ayuda a reducir parte de ese impacto. Las fachadas no reciben el sol de la misma manera durante todo el día, y los retranqueos del edificio generan terrazas y zonas de sombra. Aun así, climatizar centenares de miles de metros cuadrados en el clima de Yeda requerirá una cantidad considerable de energía.
El diseño de un rascacielos tan alto también debe considerar las diferencias de presión entre la base y la coronación. El aire caliente tiende a ascender por el interior de los edificios, generando el llamado efecto chimenea. En una torre de un kilómetro esas diferencias pueden dificultar la apertura de puertas, mover aire a través de los huecos de ascensores y alterar el funcionamiento de la ventilación.
Para controlarlo, el edificio se divide en zonas verticales relativamente independientes. Las plantas técnicas, los vestíbulos de transferencia y las áreas de refugio no son espacios residuales: ayudan a fragmentar una torre que no puede funcionar como un único volumen continuo.
El mirador exterior más alto del mundo
Uno de los elementos más espectaculares de la Jeddah Tower será su plataforma de observación. El mirador se proyecta alrededor del nivel 157, a más de 600 metros sobre el suelo. A modo de terraza, sobresaldrá de la fachada como una gran plataforma circular en voladizo y ofrecerá vistas abiertas sobre Yeda, el Mar Rojo y el territorio circundante.
Su origen resulta especialmente curioso. El espacio fue planteado inicialmente como una terraza privada asociada a uno de los niveles superiores, pero durante el desarrollo del proyecto se comprendió que una plataforma de esas características podía convertirse en una atracción pública de alcance internacional.
De hecho, no será necesario llegar a la cima para batir el récord. El mirador se encontrará muy por debajo de la coronación, pero aun así superará ampliamente la altura de las plataformas de observación existentes en la actualidad.
Además, la experiencia será muy distinta a la de contemplar una ciudad desde un mirador cerrado. El gran voladizo introduce una relación directa con el vacío y hace perceptible la escala de la torre.
Estructuralmente la plataforma debe transferir sus cargas hacia el núcleo sin apoyo visible en el extremo. También estará sometida a fuertes vientos y por eso uno de los mayores desafíos será ofrecer una sensación de seguridad a las millones de personas que acudirán a visitar el edificio más alto del mundo.
Cómo se viajará dentro de la Jeddah Tower: su sistema de ascensores
La ingeniería de un megaproyecto como la Jeddah Tower no termina cuando se demuestra que puede mantenerse en pie. El edificio también debe ser funcional, y eso significa que la organización de los ascensores necesita ser precisa. Si en un rascacielos convencional convencional una mala distribución de los ascensores provoca esperas, en la Jeddah Tower esta situación podría hacer inutilizable una parte completa del edificio.
KONE fue seleccionada para desarrollar el sistema de movilidad vertical. La propuesta publicada por la compañía incluye 29 ascensores MiniSpace, 21 MonoSpace y siete ascensores de doble cabina, además de ocho escaleras mecánicas. En conjunto, el proyecto contempla cerca de sesenta ascensores, aunque la configuración definitiva podría adaptarse durante la finalización de la obra.
No todos recorrerán la torre completa. Si cada ascensor viajase desde la planta baja hasta los niveles superiores se necesitarían huecos continuos durante centenares de metros. Y esos vacíos consumirían una superficie enorme en todas las plantas, incluso en aquellas donde el ascensor no tuviera que detenerse.
El proyecto contempla cerca de sesenta ascensores de diferente categoría que funcionarán como una red de transporte público: líneas exprés, estaciones de intercambio, etc.
La solución consiste en dividir el edificio en zonas. Algunos ascensores trasladarán a los usuarios desde el vestíbulo principal hasta determinados vestíbulos elevados. Allí podrán cambiar a otro grupo de cabinas que atienda únicamente una sección de la torre.
El sistema se parece a una red de transporte público: existirán líneas exprés, estaciones de intercambio y servicios locales. Gracias a esta organización, un número más reducido de huecos puede mover a miles de personas sin ocupar la mayor parte de la planta. Como curiosidad, los ascensores de doble cabina incorporarán dos pisos superpuestos y atenderán dos niveles simultáneamente. De este modo se multiplica su utilidad sin duplicar el espacio estructural necesario.
También se utilizará un sistema de control de destino. En lugar de subir a cualquier ascensor y seleccionar después la planta, el usuario introduce su destino antes de entrar. Así, el sistema agrupa a quienes se dirigen a niveles cercanos y asigna el ascensor más eficiente, reduciendo paradas y tiempos de espera.
✦
Uno de los límites menos evidentes de los ascensores convencionales es el propio peso de sus cables. En los sistemas tradicionales la cabina cuelga de cables de acero. A medida que aumenta la altura del recorrido, esos cables se hacen más largos y pesados. Llega un momento en que una parte importante de la energía se utiliza para mover el sistema de suspensión, no a los pasajeros.
KONE desarrolló UltraRope para ampliar la distancia viable de los ascensores en grandes rascacielos. Así, en lugar de cables clásicos de acero emplea un núcleo de fibra de carbono protegido por un revestimiento resistente al desgaste. El material es mucho más ligero. Esta solución reduce las masas en movimiento, el consumo de energía y la carga que reciben determinados componentes. También disminuye la sensibilidad del sistema frente a las oscilaciones del edificio.
La velocidad máxima anunciada supera los diez metros por segundo, aproximadamente 36 kilómetros por hora. Puede parecer moderada frente a algunos de los ascensores más rápidos del mundo, pero la velocidad punta no es el único criterio. En recorridos largos, la aceleración, la desaceleración y los cambios de presión afectan al confort. Una cabina extremadamente rápida que obligue a realizar transiciones bruscas puede resultar menos eficiente que otra con una velocidad bien equilibrada.
Porque este sistema debe mover a residentes, trabajadores, huéspedes, visitantes, personal de servicio y equipos de emergencia, y cada colectivo utilizará el edificio en horarios y direcciones diferentes.
Así será la vida dentro de la Jeddah Tower
La organización interior sigue una lógica vertical relacionada con el acceso, las vistas y la privacidad. Las plantas inferiores acogerán los grandes vestíbulos, aparcamientos, restaurantes, salones, instalaciones y servicios del hotel. Por encima se situarán oficinas, habitaciones hoteleras, residencias vinculadas al establecimiento y diferentes grupos de apartamentos.
A medida que aumenta la altura, las plantas se hacen más pequeñas y exclusivas. Los niveles residenciales se dividen en sectores atendidos por distintos vestíbulos elevados. Entre ellos se intercalan plantas técnicas y de refugio.
Los documentos conocidos del proyecto sitúan las oficinas en los niveles inferiores, el hotel de lujo aproximadamente entre las plantas 20 y 26 y sus residencias privadas en los niveles inmediatamente superiores. Los apartamentos continúan después en diferentes grupos, interrumpidos por áreas técnicas y vestíbulos de transferencia.
Las plantas inferiores acogerán los grandes vestíbulos, aparcamientos, restaurantes, salones, instalaciones y servicios del hotel
La mezcla de usos de la Jeddah Tower tiene una ventaja económica: reparte la actividad a lo largo del día. Así, las oficinas generan movimiento durante la jornada laboral, el hotel funciona de manera continua, las viviendas mantienen población estable y el observatorio atrae visitantes.
También diversifica los ingresos. La torre no depende exclusivamente del alquiler de oficinas o de la venta de apartamentos, dos mercados que pueden atravesar ciclos muy diferentes. No obstante, mezclar tantos usos dentro de un rascacielos extremo exige separar accesos, ascensores, instalaciones y recorridos de servicio. Un huésped no debe compartir necesariamente el mismo vestíbulo que un residente, y miles de turistas no pueden interferir con la privacidad de las viviendas.
¿Podría volver a detenerse la Jeddah Tower?
Sin duda alguna la recuperación de la obra en 2025 ha reforzado la credibilidad del proyecto, pero un rascacielos de esta magnitud nunca queda libre de riesgos hasta su finalización.
El primero es económico. Las cifras iniciales fueron calculadas hace más de una década y desde entonces han cambiado los costes de los materiales, la mano de obra, el transporte y la financiación. Una pausa prolongada también genera gastos que no estaban contemplados en el presupuesto original.
Por otro lado, decenas de empresas deben coordinar entregas y responsabilidades durante varios años. Cualquier diferencia de criterios puede afectar al ritmo general.
También es decisiva la parte técnica. Aunque los fundamentos del diseño están probados y gran parte de la estructura de hormigón ya se ha construido, las mayores dificultades logísticas aparecen precisamente cuando la torre alcanza cotas altas. La fachada, los ascensores, las instalaciones y los acabados deberán avanzar detrás de la estructura. Para terminar la Jeddah Tower no bastará con completar su núcleo: hay que cerrar cientos de miles de metros cuadrados, poner en marcha todos los sistemas y realizar pruebas de seguridad antes de acoger ocupantes.
Las cifras iniciales fueron calculadas hace más de una década y desde entonces han cambiado los costes de los materiales, la mano de obra, el transporte y la financiación
También existe un riesgo urbano. Incluso si la torre se completa, la evolución de Jeddah Economic City condicionará su éxito comercial. Un edificio de uso mixto necesita conexiones, servicios y actividad a su alrededor. La torre puede impulsar el distrito, pero no construirlo por sí sola.
En todo caso, el calendario comunicado tras la reactivación apuntó a una finalización alrededor de 2028, eso sí, siempre sujeta al desarrollo de una obra excepcional. Más importante que una fecha concreta es el hecho de que el proyecto haya vuelto a superar plantas de manera continua y cuente nuevamente con sus principales equipos de arquitectura, ingeniería y construcción.
El sueño del kilómetro está cada vez más cerca.
MÁS MEGAPROYECTOS

One Bloor West
El primer rascacielos superalto de Canadá nace marcado por la ambición, los retrasos y un complejo rescate financiero

Torre Rise
El rascacielos mexicano será el más alto de América Latina y rozará el medio kilómetro de altura